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Business Review · Marketing y ventas

Tus clientes no compran tu producto: buscan progreso. Jobs to be Done explicado desde la primera venta

por Francisco Santolo

Invertir miles de dólares en campañas para tu producto puede ser dinero tirado si no sabes por qué tus clientes lo eligen de verdad. Clayton Christensen lo llamó Jobs to be Done: las personas no compran productos, los "contratan" para lograr un progreso concreto en su vida. Descubrir cuál es ese progreso, antes de invertir, cambia lo que vendes, cómo lo comunicas y a quién.

El milkshake que nadie compraba por su sabor

Clayton Christensen contó muchas veces el caso de una cadena de comida rápida que quería vender más milkshakes. Hicieron lo que casi todas las empresas hacen: preguntarle a los clientes qué mejorarían. Más chocolate, más espeso, más barato. Aplicaron cada sugerencia y las ventas no se movieron.

El equipo de Christensen cambió la pregunta. En vez de "¿cómo mejoramos el producto?", preguntaron "¿para qué trabajo contrata la gente un milkshake?". Se pararon en el local y observaron. La mitad de los milkshakes se vendían antes de las ocho de la mañana, a personas solas, que se lo llevaban al auto. No tenían hambre: tenían un viaje largo y aburrido por delante, y querían algo que durara todo el trayecto, que se pudiera tomar con una mano y que los dejara sin hambre hasta el mediodía. Contra ese "trabajo" competían las bananas, las donas y las barras de cereal, no otros milkshakes.

A la tarde el mismo producto hacía otro trabajo: un padre que le compraba uno a su hijo para sentirse un buen padre. Mismo producto, dos trabajos distintos, dos formas distintas de venderlo.

Frase de Clayton ChristensenFrase de Clayton Christensen

Qué es Jobs to be Done

Jobs to be Done (JTBD, "trabajos por hacer") es la teoría que Christensen desarrolló durante dos décadas y dejó escrita en Competing Against Luck (2016): las personas no compran productos ni servicios; los contratan para lograr un progreso en una circunstancia concreta de su vida. El progreso tiene tres dimensiones a la vez: funcional (resolver algo), emocional (cómo quiero sentirme) y social (cómo quiero que me vean). Es la misma mirada que explica por qué las empresas líderes caen ante disruptores que parecían irrelevantes: dejan de entender para qué las contratan.

Tres ideas cambian todo cuando las tomas en serio:

  • El cliente no compra atributos, busca progreso. Por eso mejorar el producto según la opinión del cliente puede no mover una sola venta.
  • La circunstancia importa más que el perfil. El mismo cliente contrata cosas distintas a las ocho de la mañana y a las cuatro de la tarde. Segmentar por edad o ingreso no explica por qué compra.
  • La competencia es todo lo que resuelve el mismo trabajo. Incluida la opción de no hacer nada.

Bob Moesta, que trabajó con Christensen en esta teoría, sumó otra pieza que en ventas es oro: toda compra es una lucha entre cuatro fuerzas. Dos empujan a cambiar (lo que me molesta de mi situación actual y lo que me atrae de la nueva) y dos frenan (la ansiedad por lo nuevo y el hábito de lo actual). Si tu comunicación solo habla de lo atractivo de tu producto, estás trabajando una de las cuatro fuerzas.

El aceite de coco: cuando la empresa no sabe para qué la contratan

Gastar miles de dólares comunicando un producto, mostrando sus características, beneficios y usos, puede resultar un desperdicio grotesco de dinero si no comprendemos el verdadero "trabajo" por el cual tu segmento lo contrata. Imagina que una empresa de aceite de coco piensa que sus clientes usan su producto para cocinar, y eso comunica. Y luego se entera de que en realidad lo usaban como hidratante corporal. ¿Cuántas cosas hubiera hecho esa empresa de manera diferente de haberlo sabido? El envase, la góndola donde se vende, el precio que puede cobrar, el aliado con el que se distribuye, la foto de la publicidad. Todo.

Cómo se descubre el trabajo: observar y preguntar bien

El trabajo no se encuentra en una encuesta ni en un focus group. Se encuentra en dos lugares: en el comportamiento real de las personas y en conversaciones diseñadas para escuchar, no para vender.

Observar. Christensen no descubrió el trabajo del milkshake preguntando; lo descubrió parado en el local a las siete de la mañana. Mirar cómo usan tu producto (o el sustituto que usan hoy) en su contexto real revela lo que nadie te va a decir, porque ni el cliente lo sabe.

La entrevista de problema. Es la herramienta central con la que trabajamos en Scalabl, y viene de la tradición de Steve Blank (customer discovery) y de Rob Fitzpatrick (The Mom Test). Tiene reglas simples y difíciles de cumplir:

  1. Hablas de su vida, no de tu idea. No presentas el producto. Si lo presentas, la conversación se convierte en cortesía.
  2. Preguntas por el pasado concreto, no por hipótesis. "¿Usarías esto?" no vale nada. "¿Cuándo fue la última vez que te pasó? ¿Qué hiciste?" vale todo.
  3. Buscas el momento en que la persona intentó resolverlo. Qué probó, qué le costó, qué abandonó. Ahí están las cuatro fuerzas de Moesta a la vista.
  4. Escuchas entre líneas. El trabajo real casi nunca es la primera respuesta. Aparece en la anécdota, en la queja al pasar, en lo que la persona hace hoy para arreglárselas.

Diez conversaciones así valen más que mil respuestas a un formulario, y cuestan cero.

Lo que cambia en tu negocio cuando conoces el trabajo

Este es el punto que más me importa, porque Jobs to be Done suele quedarse en la teoría. Conocer el trabajo de tu cliente cambia decisiones concretas:

  • Qué vendes. El producto se diseña alrededor del progreso, no al revés. A veces descubres que vendes otra cosa de la que creías, como el aceite de coco. Y la misma lógica vale para la propuesta de valor hacia tus proveedores y aliados.
  • Cómo lo comunicas. Hablas de la circunstancia y del progreso ("para el viaje largo de la mañana"), no de la lista de atributos. Y trabajas las cuatro fuerzas, no solo el atractivo.
  • Contra quién compites. Dejas de mirar a los competidores obvios y miras a la banana.
  • Cuánto puedes cobrar. Un hidratante corporal y un aceite de cocina no tienen el mismo precio, aunque sean el mismo líquido.
  • Cuándo inviertes. Esta es mi mirada y va a contracorriente de buena parte del ecosistema: no se invierte en producto, en marca ni en campañas hasta haber validado el trabajo con clientes reales. Validar es barato; comunicar lo que nadie contrata es carísimo. Y cuando el trabajo está validado, la primera venta llega antes, y con ella la posibilidad de financiar el negocio con clientes en lugar de con inversores.

La primera venta no es un hito comercial: es la prueba de que entendiste para qué te contratan. A partir de ahí empieza el proceso de ventas propiamente dicho.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa "Jobs to be Done"?
Es la teoría de Clayton Christensen según la cual las personas no compran productos sino que los "contratan" para lograr un progreso concreto en una circunstancia de su vida. El "trabajo" es ese progreso, con su dimensión funcional, emocional y social. Christensen lo desarrolla en Competing Against Luck; la aplicación práctica está en Trabajos por hacer (Jobs to be Done): de la teoría a la práctica.

¿En qué se diferencia de segmentar clientes?
La segmentación describe quién es el cliente (edad, sector, ingreso). Jobs to be Done explica por qué compra y en qué circunstancia. Dos personas idénticas en perfil pueden contratar el mismo producto para trabajos distintos, y una misma persona contrata cosas distintas según el momento.

¿Cómo descubro el trabajo de mis clientes sin gastar dinero?
Observando cómo resuelven hoy el problema y haciendo entrevistas de problema: conversaciones sin pitch, sobre situaciones pasadas y concretas, escuchando qué intentaron y qué les costó. Diez conversaciones bien hechas alcanzan para encontrar un patrón. Lo que sigue después de encontrarlo es el proceso de ventas.

¿Qué es la entrevista de problema?
Una conversación estructurada, tomada de Steve Blank y de The Mom Test de Rob Fitzpatrick, en la que no se presenta el producto y solo se pregunta por experiencias reales del pasado. Es la herramienta con la que en Scalabl se valida un negocio antes de invertir.

Escrito por Francisco Santolo
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